viernes, 22 de julio de 2016

Humor con filtro

El Ministerio de Desarrollo Social y la Intendencia de Canelones lanzaron el concurso "¿Y si nos reímos de otra cosa?", que premiará a espectáculos escénicos que "nos den señales claras de que podemos reírnos sin discriminar".

Los cuatro criterios de evaluación son humor, adecuación al tema (no discriminación), creatividad y originalidad. Los ganadores presentarán el espectáculo en distintas localidades de Canelones.

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La descripción encaja con el concepto de humor blanco o de salón, en el que se intenta hacer reír sin ofender ni escandalizar a los espectadores. Lo opuesto es el humor verde, que precisamente intenta generar repulsión en el espectador a través de la vulgaridad. Y está el humor negro, que trata de temas trágicos como la muerte, la enfermedad y la violencia, sea con fines humorísticos o críticos.

El humor es un tema de gustos. Claramente hay formas de humor que me gustan más de otras. Incluso dentro de un mismo subgénero hay obras que me gustan y otras que no.

Como las demás expresiones artísticas, el humor puede tener varios fines, entre ellos el entretenimiento, la educación y la crítica. En todo caso, la interpretación pasa por el espectador. Una misma obra se puede interpretar como obscena, crítica, tonta o ejemplarizante.

De hecho, la dupla argentina Peter Capusotto se especializa en recorrer las fronteras del humor, tropezando y haciendo eses de manera impredecible.

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Al organizar el concurso "¿Y si nos reímos de otra cosa?", el gobierno del Frente Amplio pretende enseñarnos a reírnos sin discriminar. Algunos dirán que es bueno promover el humor sano, otros dirán es una acción ejemplarizante o totalitaria.

Eliminar todo tipo de discriminación seguramente motive a los participantes a evitar toda frase vulgar o agresiva. Los espectáculos ganadores seguramente serán un entretenimiento alegre y divertido para toda la familia.

Sin embargo, temo que las reglas harán que los participantes eviten todo tipo de crítica social. Nada de ironizar con el egoísmo, la corrupción, la falta de solidaridad, la pobreza, la injusticia o los grandes problemas de la sociedad. El humor que toca esos problemas seguramente se interprete como discriminatorio o agresivo, y pierda puntos del jurado.

A menos que el jurado apruebe burlarse de quienes sean señalados como responsables de los problemas sociales, en cuyo caso burlarse de ellos sería aceptado como un acto de justicia poética.

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Por cierto, las bases tienen frases absolutamente ilegibles:

"Existirá una instancia de devolución a los concursantes que hayan sido eliminadxs en la instancia de evaluación, comprometiéndose sus miembrxs a guardar absoluta reserva sobres sus decisiones.

En caso de empate, el/los o la/as participante/s con mayor puntuación en la categoría “adecuación al tema” será Ganador del Premio correspondiente. En caso de que siga habiendo una situación de empate, e/los o la/las participante/s con mayor puntuación en la categoría de “creatividad” ganará el Premio.

El incumplimiento de todo lo aquí previsto resultará en la descalificación del Ganador/a o Ganadores/as, y un/a Ganador/a sustitutx será elegido."

Ya escribí un artículo sobre mi oposición a la distinción entre varones y mujeres, que genera división en vez de integración. Destaco en particular lo extraño de la frase "sus miembrxs", como si existiera la palabra "miembras".

martes, 15 de diciembre de 2015

La burbuja

El planeta sufría un colapso medioambiental. Donde no había sequía, era un diluvio. Escaseaba la comida y la energía. Apenas quedaban sitios medianamente habitables. En respuesta, los estados anunciaron un programa de colaboración interuniversitaria, para que sus mejores estudiantes y profesores desarrollaran tecnologías para revertir la situación.

Como era esperable, las actividades curriculares y académicas eran controladas estrictamente por los estados, para asegurarse de que se siguieran los objetivos del programa.

En sus ratos libres, algunos grupos de estudiantes investigaban temas particulares como pasatiempo. Jamás recibirían beneficio alguno por sus inventos, pero al menos podían intentar lograr cosas más entretenidas.

Un grupo de estudiantes, en cambio, se ocultaba en una cueva tras un pasadizo secreto, casi sin salir. Allí daban rienda suelta a su imaginación para buscar la forma de derrocar a los estados. Según ellos eran éstos los responsables de la catástrofe.

La gran mayoría de los rebeldes investigaban tecnologías prohibidas. Ellos habían sobrevivido a las frecuentes purgas de la universidad. Porque toda tecnología descontrolada era peligrosa. Podía convertirse en armas para hacer la guerra, o peor aún...

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Guille estaba obsesionado con su proyecto de minikart todoterreno. Pensaba que había mucho por desarrollar en el transporte. Más que una necesidad, pensaba que el vehículo era su forma de libertad.

Pero a Guille no le importaba demasiado la política. Él quería recorrer los callejones de las ciudades, las serpenteantes rutas montañosas y los campos minados, superando los obstáculos de un volantazo.

Claro que el grupo de rebeldes lo animaban a investigar libremente, porque el transporte era una herramienta esencial para la revolución. Todos se ofrecían a darle una mano, así que él metía fierro gustoso a su minikart en la cueva.

Aún cuando algunos de sus colegas ya probaban levitación, Guille pensaba que cuatro ruedas eran más estables. Además, así podía terminar el proyecto antes de casarse con su novia. Es que para evadir la vigilancia estatal, el minikart era de una sola plaza.

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Guille almorzaba en la cantina de la universidad, absorto. Extrañaba a su novia que estaba de intercambio a miles de kilómetros. Muy pocos tenían permiso para acceder a internet fuera de las salas de la universidad. Algunos tenían teléfonos desbloqueados, pero él prefería conversar con ella en las noches desde la cueva, donde tenía certeza de que ningún espía los oiría.

Un sutil estallido hizo resquebrajar los vasos de la cantina. La mayoría se mantenían quietos y algunos salían por la puerta de escape. Guille se paró y siguió a otros curiosos que buscaban el origen del caos.

Pronto encontraron que una pared que daba a un baño abandonado había sido perforada con un círculo perfecto. De hecho, era una esfera transparente, casi invisible, que atravesaba la pared.

Dentro de la esfera, un muchacho con semblante horrorizado y sorprendido sostenía una especie de cilindro.

- "¡Estoy 600 milisegundos detrás de ustedes!"

Eso hizo arrancar los atascados engranajes de la cabeza de Guille, pero siguió observando.

Una chica se acercó a la burbuja y la tocó con un dedo. Atravesó la burbuja silenciosamente. La chica movió la mano en zig zag. Guille y otros estudiantes vieron claramente que la mano y parte del antebrazo se movían a destiempo.

- "¡La teoría de las gomitas de Isaac es cierta!", exclamó el muchacho. Pocos entendieron, entre ellos Guille.

Detrás del estudiante, una figura encapuchada lanzó una bola dentro de la esfera transparente. Miró medio segundo a Guille, y se alejó de la abertura, al igual que la chica curiosa. La burbuja estalló silenciosa, el muchacho y el cilindro desaparecieron.

Sin que nadie atinara a hacer nada, una chicharra paralizó la universidad. Había empezado una purga.

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Muchos estudiantes y profesores no sabían si lo último que habían dicho u oído era prohibido. Excepto quienes estaban alrededor de la burbuja, claro está. Guille y los demás espectadores saliendo corriendo lo más lejos posible, tratando de evitar la lluvia de lágrimas, es decir, el veneno que revelaba quién sabía lo prohibido.

Guille esquivaba a los demás cubriéndose con el buzo, protegiendo su piel. No tenía permiso de los rebeldes para vacunarse contra las lágrimas, pero no le importaba olvidar el descubrimiento. Sabía que su deber era comunicárselo a ellos, pase lo que pase.

Así, intentó activar el chip de telepatía que le habían puesto dentro de la oreja:

- "Aló, la teoría de las gomitas es verdad."

De pronto resbaló en un charco de lágrimas. Al suavizar la caída con las manos, se descubrió la cara y sintió el contacto de las gotitas.

- "Debería usar calzado todoterreno", pensó irónicamente.

Al instante, Guille empezó a sollozar fuertemente con un extraño dolor que no recordaba haber sentido jamás (lógicamente).

- "Se siente... como oler una cebolla cortada", comentó para sí.

Sintió un clic en la cabeza. El mensaje había llegado a los rebeldes de la cueva.

- "¿Pero habrán escuchado el mensaje o los dos chistes malos?", se cuestionó.

Sintió tres clics en la cabeza, y luego un clic largo. El operador de telepatía había oído todo.

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Un guardia de la universidad se acercó caminando a Guille, sin inmutarse por la lluvia de lágrimas. El muchacho se dio cuenta de que estaba inmovilizado por el veneno. El guardia le vio la cara unos momentos, y le preguntó:

- "¿Qué te alivia?"

- "Que en la cueva van a poder hacer sistemas de transporte interesantes", confesó Guille sin poder contenerse.

- "¿Por dónde se entra?"

- "En el depósito del vestuario de varones de la cancha de básquet", balbuceó.

El guardia apretó un botón en su pulsera y dijo.

- "Manden equipo especial al depósito del vestuario V3."

Clic largo, clic corto. Clic largo, clic corto, clic corto.

- "Qué aguante que tiene el operador, bancando al firme en plena purga", pensó Guille con dolor cada vez mayor.

Clic.

El guardia miró la cara de Guille nuevamente.

- "No me mires así, tenemos un equipazo. Los vamos a dejar bien limpitos a todos."

Y se fue caminando al siguiente pasillo.

- "Jaja, no me preguntó dónde era la salida", pensó Guille mientras entraba en sueño.

Clic.

domingo, 21 de diciembre de 2014

En buen estado

Un país desarrollado necesita mucho más que elecciones libres y una economía próspera. Necesita un Estado de derecho que asegure la libertad y el bienestar de los habitantes.

El Estado debe tener instituciones estables que busquen el interés público y la justicia social, y debe tener normas previsibles que se cumplan. Debe haber división de poderes y organismos de control independientes para evitar el abuso y la corrupción.

Las instituciones deben planificar, ejecutar y evaluar sus acciones de manera efectiva y transparente. Deben fundamentar sus decisiones, rendir cuentas y ser responsables de sus acciones.

Las personas deben poder participar en el debate público y controlar al Estado, para asegurarse de que se cumplan las normas.

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Cuando hablan de la reforma de Estado, terminan hablando de temas menores como la cantidad de intendencias fecha de las elecciones departamentales.

Pienso que el problema del Estado no es qué decisiones tomar, sino cómo mejorar las instituciones para que cumplan sus deberes. Hay que reformar el Estado no pensando en lo que hay que hacer, sino en cuál es la mejor forma de decidir qué hacer.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Promover el patrimonio

Tenemos día del patrimonio, comisión del patrimonio, ley del patrimonio, convención del patrimonio. ¿Pero de qué están hablando cuando hablan del patrimonio?

La definición oficial de la Unesco es larga y entreverada. Para hacerla fácil, es todo lo que tiene valor histórico para una sociedad. Incluye espacios geográficos (naturales y humanos), prácticas culturales (costumbres, actividades, tradiciones, pensamientos) y conocimientos (ciencias, técnicas, instrumentos).

Por poner ejemplos, en Uruguay tenemos como patrimonio las sierras de Minas, el casco histórico de Colonia, los ñoquis de los 29, las fiestas de quince, la murga, el bo, las bicicletas de los Reyes Magos, la payana, el cabeza gol, Obdulio Varela y el maracanazo.

Pero en Uruguay no hay solamente patrimonio uruguayo. Los Beatles, Michael Jordan, Papá Noel, los teléfonos Nokia 1100, las pirámides de Egipto, el animé, el Volkswagen Escarabajo y los Premios Oscar son de origen extranjeros pero forman parte de la sociedad uruguaya. Los incorporamos a nosotros, por ejemplo con los Shakers y el Escarabajo de Mujica.

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Ahora, ¿qué es proteger el patrimonio? Lo primero de todo es preservarlo en la historia, o sea evitar que se olvide. Claro que tener un montón de cartas de Artigas en la biblioteca nacional es poca cosa. Por eso, es importante que la gente sepa del patrimonio.

Pero saber que existe algo no es lo mismo que conocerlo. Yo vi alguna vez el baile del pericón, pero no sé bien cómo es y nunca lo bailé. Del mismo modo, sé de las bolas de nieve y los muñecos de nieve, pero ni siquiera llegué a tocar nieve. Entonces, el paso final es que lograr que la gente viva personalmente el patrimonio.

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Entonces, ¿quién debe promover el patrimonio? La respuesta fácil es "todos". Los padres, los profesores, los vecinos, los turistas. Y obviamente el estado.

Eso no significa que el estado tiene que encargarse de producir tortas fritas con dulce de leche. Significa que el estado debe promover que la gente, las organizaciones sociales y las empresas reconozcan la importancia de preservar el patrimonio y que hagan acciones que sirvan.

Un ejemplo es modificar las leyes de derechos de autor, para que la gente pueda sacar fotos de edificios y difundirlas sin correr el riesgo de ser denunciados.

También debería permitirse el libre uso de obras culturales sin fines de lucro, por ejemplo para interpretar canciones sin tener que pedirle permiso a Agadu.

Y además las obras producidas o apoyadas por el estado deberían ser distribuidas libremente, para que toda la gente pueda acceder a ellas sin tener que pagar por segunda vez.

miércoles, 1 de octubre de 2014

La economía del futuro

La ciencia está progresando más rápido que nunca. Cada año el conocimiento de la humanidad crece a tasas cada vez más altas. Esto influye enormemente en la economía: las empresas y los trabajadores tienen que actualizarse cada vez más rápido, o quedarán fuera del mercado.

Antes uno podía trabajar toda la vida con lo aprendido en el liceo o la universidad. Ahora hay que aprender continuamente para mantenerse actualizado. Antes uno debía memorizar un montón de cosas para poder resolver problemas. Ahora uno puede fijarse en internet cómo era lo que uno aprendió antes o buscar una solución desconocida.

La economía cambia cada año. Lo que ayer era futurología, hoy es moda, mañana será esencial y pasado mañana habrá sido olvidado.  Ya no hay máquinas de escribir, por lo que ya no hay mecanógrafos. Ahora hay redes sociales digitales, por lo que ahora hay administradores de comunidades.

Creo que estamos muy lejos de que el desarrollo tecnológico genere desempleo masivo (como se plantea en este video). Pienso simplemente que las personas se precisarán para tareas distintas a las de antes.

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Cuando los políticos hablan de sus propuestas de economía, generalmente hablan de macroeconomía, energía, transporte, y eventualmente que hay que invertir más en el sector de ciencia y tecnología.

Pienso que en los políticos se olvidan de que la tecnología afecta a toda la economía. El agro, la construcción y los bancos son muy distintos a un par de décadas atrás. El transporte cambiará enormemente con los vehículos autónomos. Lo mismo pasará con comercios y restaurantes.

Para que un país se pueda desarrollar con igualdad, no basta con que el gobierno ayude a las empresas a desarrollarse tecnológicamente, hay que educar a la gente al mundo que vendrá. Y hablo de los niños pero también de los adultos, porque el progreso tecnológico ya empezó.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El futuro de la economía

Repaso algunas noticias de la campaña electoral para las elecciones de 2014:

"Vázquez volverá a cobrar el Impuesto de Primaria a los grandes productores rurales"
"Bordaberry propone que IRPF se cobre a partir de los $ 25.000"
"Lacalle Pou criticó el déficit fiscal generado durante el gobierno frenteamplista"

Todos los partidos importantes prometen que se va a cuidar la macroeconomía, eso no es novedad. Hace tiempo que dejaron de decir que no les preocupaba una inflación de 30% o un déficit fiscal del 6%. Y el contrapunto sobre cuánto bajar el IVA o cuánto subir el monto no imponible del IRPF es una trivialidad.

En vez de eso, los partidos políticos deberían hacer propuestas sobre cómo desarrollar la economía a largo plazo. Para eso hay que mejorar la educación pública y la capacitación laboral, fomentar la inversión extranjera y el emprendedurismo local, promover la investigación en ciencia y tencología, modernizar la infraestructura del transporte, energía y telecomunicaciones.

Es fácil destruir la economía dejando que se descontrole el déficit, la deuda o la inflación, o poniendo impuestos bestiales. Pero prometer lo contrario es decir muy poco. Que los políticos dejen de pelearse por un puntito de impuestos por acá o allá, y que empiecen a hablar de economía con visión de futuro.

martes, 1 de abril de 2014

Buena vida

Quiero vivir bien.
Quiero disfrutar la vida, en todos los sentidos.

Quiero aprender cosas nuevas, aunque sean muy viejas.
Quiero maravillarme por las cosas simples
y admirar bobamente las inentendibles.

Quiero crear lo que nadie más puede hacer.
Quiero darle una mano a los que me precisen.

Quiero mover los músculos,
tirarme en el sillón y respirar.
Quiero exprimir mi cerebro,
tirarme en la cama y dormir.

Quiero trabajar con gusto
y pagar con orgullo.
Quiero comer rico, comprar chucherías,
ir a la cancha, ver carreras.

Quiero andar con amigos,
pasar el rato divagando de cualquier tema.
Quiero pasar en familia,
jugar con los chicos y charlar con los grandes.

Quiero encontrar el verdadero amor,
reír juntos, sentirnos uno.
Quiero tener hijos,
criarlos buenos y libres.

No sé qué quieren los demás.
Pero quiero lo mismo para todos.

viernes, 10 de enero de 2014

Luthierada de imitación

A esta altura de la vida, ya no sé qué está de moda y qué no. Sí sé que hay varios chistes dando vueltas por ahí que son atribuidos falsamente al grupo argentino Les Luthiers. No sé si ellos se horrorizan al ver su nombre junto a chistes malos, o si se espantan al verlo junto a chistes buenos. Como sea, acá va un homenaje a ellos.

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Johan Sebastian Mastropiero, debido a su labor como músico en el palco de los hipódromos de Londres, terminó sendo perseguido por un grupo de rufianes por no pagarles una serie de apuestas. Había apostado a que el público aplaudiría su música.

Por ello, huyó de la capital y tomó un barco rumbo a Liverpool. La providencia quiso que se encontrara con el capitán de la marina británica, James Apple, apenas pisó el puerto.

Debo decir, apenas pisó al capitán. Bueno, lo pisó un poco. Bastante. Más bien, Mastropiero aplastó totalmente el Apple Pie, eh... el pie de Apple.

Pobre pie. Qué dolor. El pie de Apple quedó rojo como un tomate, como una salchicha, como una manzana. Roja.

La mala fortuna de Mastropiero no terminó allí, porque el pie del capitán se empezó a hinchar. Cada vez más grande. Al final, el pie del marino quedó de una milla marina.

Mastropiero se apresuró en retroceder y disculparse. Se apresuró tanto al retroceder que tropezó en el descanso de la escalera del mulle y cayó al agua.

Lo que menos quería era terminar descansando con los peces.