martes, 31 de diciembre de 2013

Correr sin límites

Este año murieron los pilotos Allan Simonsen, Sean Edwards, Jason Leffer y María de Villota como consecuencia de choques. Michael Schumacher está en estado crítico al caerse cuando hacía esquí. Miles de personas en todo el mundo mueren cada año en accidentes en las calles pública. Pero no se trata de eso el artículo de hoy.

Ayer estaba jugando al Grid 2, uno de los videojuegos de carreras más entretenidos, completos y desafiantes que jugué. Uno de los modos se llama Rutas Vivas, en el que el recorrido a lo largo de una ciudad cambia aleatoriamente. Al acelerar en una recta, no se sabe si la próxima curva es un codo a la izquierda por un callejón o un curvón a la derecha por una avenida. Por superte hay unos cartelitos luminosos, pero se ven chiquititos en una pantalla de 15 pulgadas cuando uno pasa de los 200 km/h.

Encima, ayer había elegido el Dallara DW12 de la IndyCar 2013. Tiene 600 caballos, 700 kg, mucha carga aerodinámica y más de 320 km/h de velocidad punta. Manejar en un circuito callejero impredecible con tremenda máquina es todo un desafío (en la realidad es una locura).

Resulta que cuando cruzaba la línea de meta en las Rutas Vivas de Miami, el juego no terminó. Seguí manejando en la calle un par de cuadras, y de pronto me encontré del lado del público, en vez de la pista. Por alguna razón, el juego no reconoció que había completado la distancia de carrera, y las piezas de la pista quedaron fijas, lo cual significa que el circuito desembocaba en un paredón.

Lo más raro de todo es que la pista no estaba asegurada completamente por barreras, sino que había huecos libres. Me metí por ahí y pude recorrer una buena parte de la ciudad, atravesando edificios y otros objetos incorpóreos. Los autos de la computadora tampoco sabían bien por dónde ir, y me choqué con uno en un bar al aire libre.

Para rematar, al alejarme por fuera de la pista, de pronto el suelo desaparecía y el auto caía en la nada, quedando mal renderizado y mostrando figuras surreales. El auto reiniciaba su posición, lo uqe me permitió seguir paveando más de 15 minutos.

Disfruten del paseo, ¡y feliz año!

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