viernes, 16 de octubre de 2009

Epistolar, la pistola

En una carta publicada ayer 15 de octubre por el semanario Búsqueda, distinguidas personalidades uruguayas advierten que "el voto por correspondencia significa un grave debilitamiento de las garantías que caracterizan nuestro sistema electoral vigente". Por más que haya sido firmada por políticos que me repugnan, como Gonzalo Aguirre y Juan Andrés Ramírez, no puedo dejar de compartir (con ustedes; *1) dos de los tres argumentos que esgrimen (*2):

o- "El sistema vigente asegura la depuración del padrón electoral y el estricto contralor de la identidad del votante en el momento de emitir el sufragio. [Esto] no podría llevarse a cabo con la misma eficacia en el caso del voto epistolar."

o- "Nuestra Constitución garantiza como columna vertebral del sistema el carácter secreto del voto, garantizando de esa forma que el ciudadano ejerza su voto libremente, sin estar sujeto a presión o compromiso alguno. Es por ello que el acto del sufragio se realiza en la soledad del cuarto secreto. Cuando se vota por correspondencia, no es posible garantizar el secreto del acto de emisión del sufragio ni, por consiguiente, la libertad del elector."

En Harry Potter y la Piedra Filosofal, el tío Vernon intenta impedir que Harry lea las innumerables cartas que Hagrid le hace llegar de parte del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Finalmente, Vernon fracasa y Harry se embarca en una aventura heptalógica. Pero en la realidad uruguaya, la Corte Electoral carece en su planilla de funcionarios de suficientes magos semigigantes como para asegurarse de que cada ciudadano reciba todos los elementos que le permitan enviar su voto en tiempo y forma.

Y encima de eso, por más que los paquetes lleguen a la casa del votante y los votos retornen a la Corte Electoral, es imposible garantizar que el voto haya sido emitido por quien debería. Un malviviente podría encañonar a desprevienidos; un cohabitante de un hogar podría tomar los paquetes sin que los auténticos destinatarios lo eviten; un Homero Simpson o Bud Johnson podría ofrecerle a su adorada hija sabelotodo la posibilidad de debutar cívicamente.

No sé si los ciudadanos que viven fuera de Uruguay deberían tener o no le derecho a votar, pero eso es irrelevante por ahora. La reforma electoral que se plebiscita el próximo 25 de octubre obliga a la Corte Electoral a habilitar el voto por correo, y sólo eso cuenta. Debemos evitar correr el peligro de que los uruguayos desconfiemos de los resultados de las elecciones.

(*1: Rechazar esos pensamientos por mi opinión sobre los firmantes sería una falacia de reductio ad Hitlerum. Por la escasísima cantidad de comentarios que hay en esta bitácora, la ley de Godwin no se ha aplicado todavía.)
(*2: El tercer argumento es que la reforma violaría el principio de igualdad. Pienso que el texto no hace distinción alguna entre los ciudadanos y por tanto no hace discriminación alguna.)

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