martes, 15 de diciembre de 2015

La burbuja

El planeta sufría un colapso medioambiental. Donde no había sequía, era un diluvio. Escaseaba la comida y la energía. Apenas quedaban sitios medianamente habitables. En respuesta, los estados anunciaron un programa de colaboración interuniversitaria, para que sus mejores estudiantes y profesores desarrollaran tecnologías para revertir la situación.

Como era esperable, las actividades curriculares y académicas eran controladas estrictamente por los estados, para asegurarse de que se siguieran los objetivos del programa.

En sus ratos libres, algunos grupos de estudiantes investigaban temas particulares como pasatiempo. Jamás recibirían beneficio alguno por sus inventos, pero al menos podían intentar lograr cosas más entretenidas.

Un grupo de estudiantes, en cambio, se ocultaba en una cueva tras un pasadizo secreto, casi sin salir. Allí daban rienda suelta a su imaginación para buscar la forma de derrocar a los estados. Según ellos eran éstos los responsables de la catástrofe.

La gran mayoría de los rebeldes investigaban tecnologías prohibidas. Ellos habían sobrevivido a las frecuentes purgas de la universidad. Porque toda tecnología descontrolada era peligrosa. Podía convertirse en armas para hacer la guerra, o peor aún...

- o -

Guille estaba obsesionado con su proyecto de minikart todoterreno. Pensaba que había mucho por desarrollar en el transporte. Más que una necesidad, pensaba que el vehículo era su forma de libertad.

Pero a Guille no le importaba demasiado la política. Él quería recorrer los callejones de las ciudades, las serpenteantes rutas montañosas y los campos minados, superando los obstáculos de un volantazo.

Claro que el grupo de rebeldes lo animaban a investigar libremente, porque el transporte era una herramienta esencial para la revolución. Todos se ofrecían a darle una mano, así que él metía fierro gustoso a su minikart en la cueva.

Aún cuando algunos de sus colegas ya probaban levitación, Guille pensaba que cuatro ruedas eran más estables. Además, así podía terminar el proyecto antes de casarse con su novia. Es que para evadir la vigilancia estatal, el minikart era de una sola plaza.

- o -

Guille almorzaba en la cantina de la universidad, absorto. Extrañaba a su novia que estaba de intercambio a miles de kilómetros. Muy pocos tenían permiso para acceder a internet fuera de las salas de la universidad. Algunos tenían teléfonos desbloqueados, pero él prefería conversar con ella en las noches desde la cueva, donde tenía certeza de que ningún espía los oiría.

Un sutil estallido hizo resquebrajar los vasos de la cantina. La mayoría se mantenían quietos y algunos salían por la puerta de escape. Guille se paró y siguió a otros curiosos que buscaban el origen del caos.

Pronto encontraron que una pared que daba a un baño abandonado había sido perforada con un círculo perfecto. De hecho, era una esfera transparente, casi invisible, que atravesaba la pared.

Dentro de la esfera, un muchacho con semblante horrorizado y sorprendido sostenía una especie de cilindro.

- "¡Estoy 600 milisegundos detrás de ustedes!"

Eso hizo arrancar los atascados engranajes de la cabeza de Guille, pero siguió observando.

Una chica se acercó a la burbuja y la tocó con un dedo. Atravesó la burbuja silenciosamente. La chica movió la mano en zig zag. Guille y otros estudiantes vieron claramente que la mano y parte del antebrazo se movían a destiempo.

- "¡La teoría de las gomitas de Isaac es cierta!", exclamó el muchacho. Pocos entendieron, entre ellos Guille.

Detrás del estudiante, una figura encapuchada lanzó una bola dentro de la esfera transparente. Miró medio segundo a Guille, y se alejó de la abertura, al igual que la chica curiosa. La burbuja estalló silenciosa, el muchacho y el cilindro desaparecieron.

Sin que nadie atinara a hacer nada, una chicharra paralizó la universidad. Había empezado una purga.

- o -

Muchos estudiantes y profesores no sabían si lo último que habían dicho u oído era prohibido. Excepto quienes estaban alrededor de la burbuja, claro está. Guille y los demás espectadores saliendo corriendo lo más lejos posible, tratando de evitar la lluvia de lágrimas, es decir, el veneno que revelaba quién sabía lo prohibido.

Guille esquivaba a los demás cubriéndose con el buzo, protegiendo su piel. No tenía permiso de los rebeldes para vacunarse contra las lágrimas, pero no le importaba olvidar el descubrimiento. Sabía que su deber era comunicárselo a ellos, pase lo que pase.

Así, intentó activar el chip de telepatía que le habían puesto dentro de la oreja:

- "Aló, la teoría de las gomitas es verdad."

De pronto resbaló en un charco de lágrimas. Al suavizar la caída con las manos, se descubrió la cara y sintió el contacto de las gotitas.

- "Debería usar calzado todoterreno", pensó irónicamente.

Al instante, Guille empezó a sollozar fuertemente con un extraño dolor que no recordaba haber sentido jamás (lógicamente).

- "Se siente... como oler una cebolla cortada", comentó para sí.

Sintió un clic en la cabeza. El mensaje había llegado a los rebeldes de la cueva.

- "¿Pero habrán escuchado el mensaje o los dos chistes malos?", se cuestionó.

Sintió tres clics en la cabeza, y luego un clic largo. El operador de telepatía había oído todo.

- o -

Un guardia de la universidad se acercó caminando a Guille, sin inmutarse por la lluvia de lágrimas. El muchacho se dio cuenta de que estaba inmovilizado por el veneno. El guardia le vio la cara unos momentos, y le preguntó:

- "¿Qué te alivia?"

- "Que en la cueva van a poder hacer sistemas de transporte interesantes", confesó Guille sin poder contenerse.

- "¿Por dónde se entra?"

- "En el depósito del vestuario de varones de la cancha de básquet", balbuceó.

El guardia apretó un botón en su pulsera y dijo.

- "Manden equipo especial al depósito del vestuario V3."

Clic largo, clic corto. Clic largo, clic corto, clic corto.

- "Qué aguante que tiene el operador, bancando al firme en plena purga", pensó Guille con dolor cada vez mayor.

Clic.

El guardia miró la cara de Guille nuevamente.

- "No me mires así, tenemos un equipazo. Los vamos a dejar bien limpitos a todos."

Y se fue caminando al siguiente pasillo.

- "Jaja, no me preguntó dónde era la salida", pensó Guille mientras entraba en sueño.

Clic.

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