miércoles, 2 de junio de 2010

Fierros de ambas orillas del Atlántico

Este chiste no es mío, lo publico para mantener esta bitácora en buen estado de salud.

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Una musculosa joya de acero de Detroit se detiene en una estación de servicio alemana. El conductor baja la ventanilla y le pide al pistero, en alemán pero con claro acento gringo: "Dale de beber a mi amor".

"¿Te lo trajiste de allá?", le pregunta el pistero. "Me la traje, sí, por supuesto", responde el conductor. "¿No lograste encontrar ningún auto alemán que te gustara?", inquiere el pistero con orgullo patriótico. "Más bien al contrario: allá no logré encontrar un límite de velocidad que me dejara safisfecho."

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