martes, 13 de julio de 2010

Unidos por un partido

Me es difícil ignorar el cuarto puesto que la selección uruguaya de fútbol consiguió en el Mundial Sudáfrica 2010. Pero realmente el brillante resultado me importa muchísimo menos que su juego a la vez efectivo y vistoso, su entrega incansable del primer al último segundo de partido, y su respeto por cada rival del torneo. Me enorgullece que Uruguay haya podido demostrar en estos siete partidos que puede enfrentar de igual a igual a cualquier selección del planeta, con estilo propio y atractivo. Es el verdadero sol que nos regaló la celeste.

El equipo funcionó desde Muslera hasta Diego Forlán y Luis Suárez, pero sin olvidar ninguno de los 23 jugadores del plantel. Que tal o cual se quedara sin jugar significa que las situaciones de partido no los requirieron, no que sean inservibles e inmerecedores de la casaca celeste (*1). Quienes decían que Uruguay debía jugar para Forlán fueron contradichos: Forlán jugó de manera impresionante para Uruguay, armando ataques incesantemente, marcando al mediocampo rival cuando era necesario, y metiendo nada menos que cinco goles. Los galardones no son demostración, pero confirman su magnitud.

El Loco Abreu cada día está más loco. Su decisivo tiro desde el punto penal, infartantemente lento y apuntado al centro del arco, es para quitarse los sesos y entregárselos en ofrenda. Suárez se sacrificó con su mano salvadora como pocos, e intentó un sinnúmero de goles desde todas las posiciones. Los primeros cinco partidos de Muslera fueron asombrosos: detuvo tiros por todos lados, y contra Ghana atajó dos penales y desvió uno mediante de la ayuda de su amigo horizontal, el travesaño. Él y los laterales le fallaron contra Holanda y su rendimiento bajó contra Alemania, pero nada de eso opaca lo que hizo. El Ruso Pérez fue demasiado raspador en varias ocasiones, pero se mantuvo deteniendo los ataques rivales y organizando ataques propios con tremenda garra, incluso cuando su físico se lo impedía. La actuación del resto de los jugadores la retengo menos en mi memoria, pero recuerdo a la perfección una marca mucho más limpia que años atrás pero siempre eficaz y un ataque mucho más compacto.

El Maestro Tabárez merece un párrafo aparte. Estudió sus rivales detenidamente y planteó cada partido cuidadosamente, tal vez demasiado contra Francia pero aún no se sabía que los galos estaban para otra cosa. Entretanto, se mostró cauto, medido y respetuoso ante todos. No es demasiado simpático, pero no le pidamos peras al olmo: el técnico está para hacer andar un equipo, no para hacer chistes y sonreír a la cámara.

El tiempo dirá qué haremos los uruguayos con este éxito futbolístico. Pero lo que haremos es cosa nuestra. ¡A redoblar!



(*1: Finalmente, a pesar de los datos que la prensa manejaba de antemano, la celeste lo fue salvo contra Sudáfrica, cuando jugamos de blanco cuando ellos vestían de ¡amarillo! La vestimenta all-sky blue que usamos contra Alemania fue curiosa, pero si fuera por mí evitaría volver a usarla - el negro no está en ninguna divisa nacional pero el short negro es un clásico nuestro. Sigo extrañando la camiseta roja artiguista.)

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