viernes, 26 de marzo de 2010

A la vuelta de la esquina: GP de Punta del Este de 2010 (plato principal)

Para que el Canal 13 de Argentina pudiera transmitir la carrera de la Copa Linea en vivo, la de Superturismo Uruguayo debió abrir la jornada dominical a las 10 de la mañana. Sin embargo, los espectadores supimos catalogarla como la segunda categoría más importante de la fecha. Y ésta, o mejor dicho sus pilotos y equipos, supieron cumplir. No hubo especulación ni conservación: todos fueron a por la victoria.

A mi gusto, faltan marcas que apoyen equipos oficiales (a la uruguaya) y presenten modelos recientes. Todavía no hay ningún Gol NF, el Clio II ya es veterano, y todavía me rechina la denominación 207 Compact. Hay autos aún más viejos: Astra C, Escort y Clio I. Jamás hubo un Citroën C3 o C4 en la categoría, y recién ahora apareció un Palio, que encima es del año 2003.

De todas maneras, los pilotos saben llevarlos al límite, por ejemplo acá derrapando en tres ruedas en la ese de la recta principal.

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Autos gordos de siete marcas distintas, infinidad de equipos oficiales, pilotos de primera... ¿que más se le podría pedir al Turismo Competición 2000? Que deje de haber motor único - todos los autos suenan exactamente igual y le quita gracia ir a escucharlos. Pero es lo de menos: su presencia soberana es de respetar y admirar.

Sin butaca en la Fórmula 1, Pechito López volvió rápidamente a Sudamérica a confirmar su superioridad. Cada vez que el auto de seguridad entraba a boxes, él abría un margen que impedía que sus rivales pudieran hacerle cosquillas, y mucho menos amenazarle el liderazgo.

Atrás del cordobés, cada posición fue luchada sin piedad. El uruguayo Fufy Cáceres iba en una destacada octava posición con un Honda Civic de su Escudería Río de la Plata, cuando se vio envuelto en una carambola que él remató para perjuicio propio, del Pato Silva, Emiliano Spataro y otros más.

Ver los TC2000 hacer temblar los edificios de la Playa Brava es de lo mejor que he presenciado en automovilismo. O como dice Homero Simpson, hasta ahora. ¿Podré narrar un paseo en taxi por el Infierno Verde? ¿O trepar a pie la pendiente tibetana del Sacacorchos californiano? ¿O comprobar que Mónaco es un superóvalo en comparación con Piriápolis? ¿¡Quién sabe!? Ya nos enteraremos.

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